PENSAMIENTOS: para tener en cuenta



A pesar de que durante mucho tiempo los médicos y especialistas hablamos de la tecnología como un tema vinculado casi exclusivamente a la juventud en estas semanas se puso de relieve otra cuestión que nos atañe en este espacio: el vínculo de las personas mayores con la tecnología y el nuevo tipo de aislamiento que eso puede generar.


Hoy, quedar afuera del mundo digital es también quedar afuera de conversaciones, trámites o gestiones, vínculos, información y hasta afectos. Muchos personas mayores no solo enfrentan las barreras propias del paso del tiempo, sino también una sensación cotidiana de exclusión tecnológica. Y en una sociedad donde casi todo sucede a través de una pantalla, no saber usar ciertas herramientas puede convertirse en una nueva forma de soledad.


Pero también existe la otra cara: personas mayores hiperconectadas, consumiendo contenido de manera compulsiva, atrapadas en circuitos de notificaciones, videos infinitos y estímulos constantes. La tecnología no distingue edades cuando activa mecanismos cerebrales relacionados con la dopamina. Esa pequeña recompensa inmediata que generan los likes, los mensajes o el desplazamiento interminable en redes sociales impacta también en adultos mayores, muchas veces más vulnerables emocionalmente frente al aislamiento, la pérdida o el vacío cotidiano.

La pregunta entonces ya no debería ser solamente cuánto tiempo pasan los jóvenes frente a una pantalla, sino qué tipo de relación estamos construyendo todos con la tecnología a lo largo de la vida. 


Hoy el desafío pareciera ser no perder la capacidad de encuentro, de conversación real, de pausa y de presencia. Algo tan valioso y necesario en esta etapa de la vida como bien sabemos.


La urgencia por no quedarse afuera comienza a tapar el bosque de la presencia.


Tal vez necesitamos empezar a pensar la salud digital como una conversación intergeneracional. Enseñar tecnología, sí. Pero también enseñar límites, hábitos saludables y espacios de desconexión. Envejecer bien en este tiempo no dependerá solo de los avances médicos, sino también de cómo logremos convivir con herramientas diseñadas para captar permanentemente nuestra atención.


Llegamos al momento de la vida donde se nos pide disfrutar el aquí y el ahora. Es importante no confundir las relaciones humanas con las relaciones digitales. 


Como antaño, amigo es el que está presente. Madre, padre, abuelo, es el que juega, ríe y comparte. Cultivar nuestro interior y nuestra sociabilidad no debería estar medido por una pantalla. Eso que parece conectarnos tanto, también nos desconecta un poco. Es importante ejercitar esa diferencia.


 

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